Reflexiones en noches blancas

Son las 2 de la madrugada……. y escribo:

No es mi guerra, no es mi historia, esa que me quieren hacer creer, no es mi historia, esa en la que yo no soy nada, esa en la que no soy nadie, esa no es mi historia. Mi historia es esa que se viven las ilusiones, esa en la que reviven los magos, las hadas. Esa en las que se resucitan los más débiles, los que no tienen voces. Esa en la que viven los desalmados, los que no tienen voces, los que viven en un mundo del que no se debe de pasar, olvidar ese mundo que existe y que muchos quieren hacer como si no existiera.

Está no es la historia de un olvidado, sino la de los recordados, la de los que no tienen nada, esa sería la verdadera historia, la autentica, la verdadera.

La noche, esa mi amiga, mi confidente, la que me acompaña en las peores pesadillas, esa estrella que mira extrañada, me mira con ternura, piensa que hago aquí tan sola, que hago aquí en esta vida de locura. Yo la miro con ojos de brillo de alegría y le digo, no me mires así no estoy triste, al contrario, extraño estas noches de vino y de oscuridad para confesarnos en la oscuridad. Le confieso mis secretos, le cuento mis penas, mis alegrías, y ella extrañada me dice con ojos brillantes vive, vive con alegría, con locura, con locura, que esa no existe hoy en día, solo mírame y dime amor mío que la vida es eso, derroche de amor y lo demás es pura pena, que nadie derroche eso que es tan importante porque luego de abuelos, de viejos te arrepentirás me decía la estrellita. Nunca mires atrás, nunca te arrepientas de lo que hagas, lo que digas, porque no hay tiempo para eso. Aprovecharlo para otras cosas, aprovecha para vivir, para disfrutar con los que amas, esos que te dan lo que necesitas para vivir, para soñar.

A veces siento cerca esos olores, esas sensaciones de hace años, noto sus manos tocarme, noto esas cosas que se olvidan, son como canciones que vuelven a sonar, después de tantos años y que despiertan los sentidos, te hacen recordar aquellos eternos momentos, con eternas personas que vivieron cerca de ti, mi abuela, mi tía-abuela, mi tío-abuelo eso que tanto me regaño, ese que tanto me quiso. A su manera, ese que vivió en soledad, ese que no tuvo oportunidad, pero nunca se achico, nunca de dejó de sonreír en un rincón, solo para que nadie le viera. Ahora pasados años, muchos años recuerdo esas caras, recuerdo a esas personas que tanto me dieron, quizás nadie recuerda, quizás esos viejos eran seres olvidados, pero para mí son seres inolvidables que en mi mente siguen presentes, y en mi vida vivos como cuando era pequeña. Recuerdo sus caras, recuerdos sus gestos, recuerdos mis cenas de tortilla y ensaladas sentaditos en la banca de madera, en frente del hogar. Siento ese recuerdo como s fuera hace un momento. Parece mentira que la mente te juegue esas pasadas, a mi me hace recordar viejos momentos, viejos momentos inolvidables, de personas que vivieron una vida diferente, fueron supervivientes de guerras, de miserias, de noches solitarias, de casas que huelen a soledad, y de veranos que eran primaveras, ante la llegada de esos seres pequeños que les cambiábamos la vida, por unos meses aquello era un descontrol, todo era diferente. Les cambiamos la vida, pero en el fondo creo que era como hacerles volver a vivir. Esos meses que aparecían de repente ocho personas, entre ellas siete demonios, que volvíamos locos a esas dos personas solitarias, les parecía gloria, por mucho desajuste, por mucho desorden creo que el fondo deseaban que llegara ese mes de junio para recibir a los siete chiquillos que les hacían la vida más divertida, más amena, salían de esa monotonía del invierno duro y solitario del pueblo.

Aún recuerdo esas caras de extrañeza, de sorpresa al ver tantos extraños de repente, pero luego era todo ternura, todo deseo, todo cariño.

Eso fue en los veranos de 1970, aquellos maravillosos años, en los que una mujer valiente se enfrentaba a la verdadera historia de la valentía, porque nada era fácil, y menos tener siete hijos. Criarlos, vestirlos, darles de comer, cuidarlos, mimarlos, sin rechistar, sin quejarse, sin pronunciar una sola palabra de cansancio, de queja. Eso es el verdadero amor, eso es la verdadera agonía de sentir algo y nunca decir nada, sentirlo interiormente, vivir en silencio, sentir en soledad, y  jamás decir un no, esa palabra no existe para ella.

El verdadero amor, nada que ver con todas esas historias de gente que se queja, nada que ver con esas mujeres que tenían uno o dos y necesitaban ayuda, nada que ver con nadie, una verdadera valiente, una verdadera heroína. Por eso yo ahora daría parte de mi vida por ella, daría todo lo que fuera necesario para que fuera feliz, porque esas personas que lo han dado todo se merecen lo mejor de la vida. Porque le podría dar yo para que fuera feliz, para que no sufriera, para esos años que le quedan fueron los mejores, esos en que nada se teme, esos en que vives feliz, sientes el cariño de los hijos, esos que ya nada tienes que sufrir.  No quiero ver en tus ojos tristeza, amargura, quiero ver rayos de sol, quiero ver luz de estrellas que reflejen que al final has vivido feliz, no sé porque siento esa amargura ahora, siento que debería  hacer algo, siento que me falta tiempo, que se van los días, las semanas y que voy perdiendo esas maravillosas manos de tierno papel que tienes en tu cuerpo.

Me gustaría construirte una casa de cimientos de papel de color dorado, me gustaría hacerte una escalera llena de tiernos besos, unas ventanas con luces de estrellas brillantes, una puerta de color de primavera, una habitación en la que no sintieras miedo, en la que no sintieras dolor que las sabanas fueran el placer de la paz, la tranquilidad, en que la almohada fuera el tacto de los Ángeles que te acurrucan  y te cuentan historias de felicidad, te cantan canciones  de ruiseñores en el campo, de flores que nacen para ti aunque no sea primavera. Esa me gustaría que fuera tu casa, esa me gustaría que fuera tu hogar. Ese en el que te sientes como en el cielo, como si fuera cada día mañana de sol, ese hogar en el que la ternura era la moneda de pago, los besos obligados y el querer algo que jamás se olvida.

Qué bonito sería si te tuviera cada día cerca de mí, que bello sería si cada noche me durmiera contigo, y jamás te extrañara, que ningún día te tuviera que echar de menos, porque te tenía cerca de mí. Pero eso es como solar como que nunca nos despediremos, aunque en mi interior pienso que jamás estaremos lejos, porque el que recuerda, piensa, siempre está en el alma de ese que la quiere, por eso nunca dejaré de pensar en ti, ningún día, hora, minuto, segundo te olvidare ese será mi legado para que jamás desaparezcas, para que jamás te vayas de mi. Tú siempre estarás tan cerca de mí, porque mi alma es parte de la tuya y por eso nunca se podrán separar, jamás se podrán olvidar. Así la eternidad alcanzaremos, siempre, para siempre. Seremos dos personas en un alma.

Ahora son las 3 de la madrugada y por hoy dejo de pensar…….

Acerca de Marian

Escribo relatos cortos, poemas, reflexiones y otras cosas de interés general, me encanta estar informada de todo lo que pasa en el mundo. S
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3 respuestas a Reflexiones en noches blancas

  1. marola dijo:

    Creo que lo que pretendo en mis escritos, relatos o ensayos es hacer sentir lo que llevó dentro, y que el que lee en algún momento, de algún modo se sienta identificado, no hay nada más placentero que leer algo de otro y decir: “eso me pasa a mi, eso es lo que siento yo…”.
    Sobre la noche, no sé que tiene pero es mi mejor aliada, mis mejores poemas y ensayos o reflexiones las he escrito durante ella, acompañada de esa amiga tenebrosa para muchos, oscura, pero para mi es como esa luz que vez al final del túnel, ese estado sereno, ese placer de encontrarte con el silencio, la soledad que hacen que tus palabras broten de una forma diferente, es como si la noche nos aflorara la sensibilidad, las ideas, lo intimo. Gracias amigo Ernesto es un placer y más viniendo de ti que me digas esas cosas. Besosssss Marian

  2. Ernesto dijo:

    Gracias. Consigues hacerme vivir mis propias sensaciones, mis sentimientos, mis recuerdos; con una sensibilidad exquisita tañes mis fibras más recónditas, expresas fielmente todo lo que siento.

    El silencio de las noches, la sensación (placentera)de soledad, una hoja de papel en blanco, el rito mágico de empezar a escribir. Te contaré algo, en las madrugadas, oyendo el silencio, con no mucha luz, solo escribo a mano, con estilográfica, acariciando la textura del papel y percibiendo muy nítidamente el rasgar del plumín. Y las palabrasb srgen solas, van formando un texto y casi no soy capaz de seguir el ritmo que marca mi cabeza, pienso, reflexiono, sueño, más rápido que escribo.

    Gtacias Marian, leerte es aprender a conocerme en muchas ocasiones.

    Un beso.

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