La revelacion de la sombra -Un relato de suspense-

 

 

 

LA REVELACIÓN DE LA SOMBRA.

 

Maruchi vivía en una casa antigua, se la habían dejado en herencia sus abuelos. En aquella casa habían vivido hasta cinco generaciones de la familia, todos al morir la dejaban de herencia a sus hijos, o parientes mas cercanos. La única condición era que aquella casa no se podía vender, siempre quedaría en la familia Rosich.

Maruchi la heredo en el peor momento de su vida, una situación económica muy precaria, un marido vanidoso y egoísta además de un ser sin ningún tipo de comprensión, y la muerte sus padres en un extraño accidente de tráfico. Estaba muy desesperada, triste y se fue abandonando poco a poco. Había decidido apartarse de la ruidosa ciudad e ir a vivir a la casa heredada. Una noche empezó ha hacer un frió aterrador en una de las habitaciones, las puertas se cerraron y apareció una sombra, era de una mujer, no la reconoció. Aquella sombra se le acerco tanto que podía sentir que alguien la rozaba, le transmitía un calor fuera de lo común, una sensación de alivio, y le susurró en el oído:

– Tienes que buscar la luz, tienes que descubrir una llama y que prenda en el maligno ser que nos ha traicionado.- Maruchi se asustó, no sabía que quería decir, la sombra se acerco a una pared y dejo una señal, era una especie de mancha, tenía una forma de extraña, un túnel negro y una luz al final de el. Además en varias ocasiones insistía en la figura de dos personas, un hombre y una mujer. No lo había comprendido del todo, pero se dio cuenta de que le estaba hablando de algo que había sucedido en su casa, en relación con sus padres, quería que se descubriera la verdad de la muerte de sus padres.

Tras varias semanas de indagaciones y imágenes distribuidas en las paredes de su casa aviso a la policía. Está, con la ayuda de las pistas que la sombra les iba dejando en las paredes, descubrieron que los padres de Maruchi no habían muerto en accidente, había sido provocado, fueron asesinados por su marido.

El marido de Maruchi ante la grave situación económica, se había dedicado últimamente al juego y varias cosas más, pensó que heredando la mansión podrían venderla, pero lo que él no sabía, por que Maruchi jamás se lo comentó era que no se podía vender la mansión, la cláusula que su padre había puesto en el testamento era que la mansión solo podía ser utilizada como usufructo, vivir en ella, alquilarla, hacer alguna pequeña reforma, pero no podía venderse, derrumbar, ni realizar ninguna clase de obra que la transformara. El marido de Maruchi fue detenido por asesinato y vivió en resto de su vida en la mansión carcelaria, a partir de entonces la sombra jamás se le volvió a aparecer a Maruchi y desapareció de la casa.

Marola77

 

No vuelva usted en otro momento…la atendemos ahora!! -Relato-

Este relato es para la reflexión y sobre todo para saber tener corazó, confianza y fe en las personas.

Bueno días! – le dije a la Secretaria cuando entre en aquella sala, que casi me desmayo por cierto, ¡que lujo! pensé, que derroche, pero bueno, siempre hay que dar una buena imagen, a veces la imagen es lo más importante, aunque por dentro este vació, el envoltorio es lo primero que se ve.

Aquella mañana estaba dispuesta a soltar todo lo que llevaba dentro de mi, estaba harta, pero con mayúsculas HARTA de ver tanta injusticia, tanta falsedad, tanta ironía, nada se arregla, nada te compensa, nada parece importarles a las personas, solo, su éxito, su dinero, su popularidad, ¿Cómo es posible que las personas puedan llegar a ese extremo de egoísmo, como es posible que no haya nadie, que de un portazo, a todo, y se mantenga limpio, se mantenga fiel a las leyes, a las normas, y no diferencie a los que le pueden aportar fama y dinero….no lo podía entender.

Así, que este día me levante con la valentía de presentarme ante el Juez de mi ciudad, un Juez que había oído era incorruptible, una de esas personas que se hacían valer, solo miraba el caso, no a la persona, no el éxito, no la condición humana, miraba el hecho, el agravio que podía repercutir, simplemente juzgaba el hecho, y la conducta de la persona que lo había cometido.

Cuando la secretaria me vio entrar no me puso buena cara, me miró con esas miradas de desprecio, esas miradas de superioridad, no había ni una pizca de amabilidad, de compasión, de ternura, ni tan siquiera un ápice de educación. Y eso que era la secretaria de uno de los Jueces más importantes de mi cuidad.

En un momento dado que ella estaba despistada, abrí la gruesa puerta de roble que separaba el despacho del Sr. J.. de la sala de espera y entre corriendo, cerré de golpe, y me quede en frente de su gran mesa, parecía que me había trasladado a otra época, el despacho era tan grande como mi piso, estaba todo decorado con objetos antiguos, una gran alfombra cubría todo el suelo, había dos grandes sofás en un lado del despacho y en frente tenía su mesa, llena de carpetas y papeles muy bien ordenados. Una lámpara de plata con la forma de mujer sosteniendo la balanza iluminaba la mesa, ya que las cortinas estaban corridas, no había mucha luz natural.

La secretaria entró como una furia en el despacho, pero el Sr. Juez le corto la retahíla que iba a contar, diciéndole que no pasaba nada, que me conocía, aunque no era cierto, y que no le molestara hasta que no le diera aviso.

Yo me quede de piedra, no me conocía en absoluto, pero me gusto el gesto de amabilidad que tubo por su parte, me supuse que al verme la cara de desesperación, no había tenido más remedio que escucharme. Estuvimos en aquel lujoso despacho más de dos horas hablando, yo le conté que no me parecía justo que algunas personas, simplemente por el hecho de la fama, el dinero, o el padrino que tenían, no cumplieran las penas que se les habían impuesto, y sin embargo un pobre hombre, que en un momento dado de su vida comete un error, luego se arrepiente, se reintegra en la sociedad, tiene familia, trabajo, etc. Y simplemente por que la justicia no le juzgo en su momento, sino ocho años más tarde, le va a quitar de un plumazo todo eso…

Me parecía totalmente injusto, yo me dedicaba a mis horas libres ir a las cárceles, allí visitaba a personas que no habían tenido ninguna oportunidad, porque yo creía firmemente en las segundas oportunidad, pero solo en las segundas, no en las terceras.

Visitaba a personas que por su condición de pobres, de analfabetos, o simplemente la inhumana condición de haber sido maltratado por las personas que más lo tenían que haber querido, su vida se había truncado, con eso no los excusaba, al contrario, creía firmemente que las personas con menos oportunidades son las que tienen que luchar más, y al final esa recompensa es el sabor más agradable que alguien pueda sentir, es la sensación de haber triunfado, es la causa de que sigamos creyendo en nosotros mismos.

El Sr. Juez me escuchó con gran atención y me prometió que en dos semanas haría algo que yo le había ayudado a comprender y le había dado como una especie de empujón para realizar algo que llevaba tiempo pensando, pero, sin el apoyo de nadie. No me hizo volver otro día..

Yo agradecí que simplemente me hubiera dedicado esas dos horas, que quizá para el no significaban nada, pero para mi habían sido las dos horas más productivas, más sensatas y más importantes. En esas dos horas conseguí que cambiaran unas normas de conducta, unas normas y leyes que eran injustas para muchas personas, conseguí que dos personas que estaban al borde del abismo, al borde de volver a ser lo que en un momento dado de su juventud no tenían que haber sido, logré tan solo que dos personas fueran como los demás, supieran darle el valor a aquello que nos parece tan simple, tan normal como es la libertad, pero que cuando se pierde, daríamos cualquier cosa para volver a tenerla.

Al cabo de dos años, llenos de alegría, de esfuerzo y algo de dinero, abrimos el primer centro de recomendaciones a las personas pobres, y vinculadas a unos barrios que son el trampolín a la muerte y la desesperación, de enseñanzas básicas para ser una persona sana y libre. Y ahora transcurridos ya veintiocho años, me siento orgullosa de haber sacado a todas esas personas que han pasado por el centro de una vida que no hubieran podido disfrutar, una vida que seguramente hubiera acabado a los quince o dieciocho años. Ahora seguirán esas dos personas que yo ayude, porque ellos supieron valorar ante todo eso “la libertad”.


 

Flores cansadas -Un relato para la reflexión humana-

Flores cansadas

“Cuando llegué al porche solo pude apoyarme en la baranda del jardín y contemplar unas flores que hacía varios meses había plantado, y que simplemente con el azul del cielo, la poca agua que caía últimamente y mi cariño habían brotado con fuerza, con esa fuerza que yo no sentía dentro de mí. Con esa energía que se estaba desvaneciendo poco a poco. Aquel arriate apartado de la casa lo único que hacía era recordarme la ilusión que en su momento puse en hacer algo diferente, pero que aquel licurgo, jamás vio, jamás entendió, mi pasión, mi amor, mis sentimientos. Pasados los años éramos como dos estatuas, como mármoles, esperando que llegue el artista para golpearlos, esculpirlos, y dejar solamente la parte de la piedra que brilla, la estatua que quedará inmortalizada para el resto de los siglos.”

Así era como empezaba el relato que quise enviar para el Certamen de micro relatos, eran vivencias, eran una serie de relatos que debían relatas las vivencias de las personas, esas podían ser autobiográficas o no, reales o ficticias. A mi me encantaba escribir, además las personas que habían leído mis relatos me decían que eran buenos, yo de todas formas no me hacía ilusiones, hay cientos y cientos de personas que escriben relatos, y algunos muy buenos, así que jamás sentí esa envidia de querer ganar un certamen. Pero no nos engañemos, nadie hace nada por nada, aunque sea por bondad, lujuria, dinero, idolatría, etc. Todo tiene un fin, todo tiene un porque. Así que a mi me llego ese día, cuando sonó el teléfono, y me anunciaron que había sido la ganadora del 1º premio de Vivencias y relatos, me dio como una especie de emoción que casi no podía creérmelo, era tan importante, ya no por el premio, sino para demostrar que yo no era esa que todos creían, esa que todos miraban como si fuera alguien diferente, escupido, sin derecho a vivir, a sonreír o hacer lo que hacen todos los demás.

El día de la entrega del premio abrí la puerta del piso que llevaba cerrada más de quince años, el silencio me invadió, el recuerdo, la imagen de aquella vida que tenía y que deje pasar. Como el relato narra, yo me había convertido en esa estatua de mármol que dejo pasar quince años de su vida, viviendo en la calle, sentada de día en jardines y de noche estirada en cajeros automáticos. Alguien destrozó todo lo que llevaba dentro, pero o moría o renacía y yo decidí renacer, porque siempre me había dicho mi madre:

“Hija tu vales mucho y serás la primera en algo”. Jamás olvide esas palabras, si fui la primera, la primera en vivir en la calle, la primera sin techo de la familia, pero no me importaba, fue mi decisión. Y ahora que he vuelto, creo que voy a retomar mis alas, mis sueños y a acabar de vivir en paz.

LA SOÑADORA -Un microrelato-

Este relato fue leído hace unas semanas en un canal de radio de Barcelona, creo que vale la pena leerlo y reflexionar.

Dedicado a todas esas mujeres, a esas almas blancas que cada día desaparecen de nuestro lado simplemente, por ser mujeres.

 

 

LA SOÑADORA

En aquel lamentable estado que me encontraba aquella mañana del mes de diciembre, no sabía donde estaba, que había hecho, había perdido por completo la noción del tiempo. La noche anterior había sido una noche que pasara a la historia. La paciencia había llegado a colmar el vaso y no pude más. El demonio que llevaba dentro había estallado, sin ningún sentido había hecho algo que no me lo perdonaría jamás. Solo recuerdo que salí de casa, enfadada, nerviosa, con odio en todo mi cuerpo, me había hecho sacar lo peor que llevaba dentro. Vivía en un estado de ansiedad diaria, todo lo controlaba, no dejaba de ocupar todo mi espacio vital, y ya no pude más, tenía que hacer un cambio radical, un cambió que seguramente me arrepentiría, pero había llegado a tal punto la incomodidad que sentía mi ser al lado de esa persona que prefería migrar de aquel lugar fractal que no dejaba de ahogarme. Aquella noche me dirigí a un tugurio que había en el barrio del Acueducto, no había estado desde hacía por lo menos seis años, allí pase grandes veladas con personas que me escuchaban, me hacían reír, personas normales, que viven y dejan vivir. Desde que me uní a ese “monstruo”, todo había cambiado, no podía salir, ver a mis amigos, tener una relación con otras personas que no fueran él y su mundo. Allí encontré a un amigo que hacía doce años que no lo veía, me recordó los tiempos y momentos que pasamos juntos. Bebimos y bebimos hasta el amanecer, no se que paso, ni que no paso, pero aquella noche olvide toda la triste vida que llevaba, gracias a Fran viví otra vez los mejores momentos de mi corta juventud, pero en un momento dado perdí el conocimiento, estaba totalmente borracha, y no sé ni como llegue a mi casa. Cuando abrí la puerta, él se había marchado, una nota decía:

“No quiero traspasar la barrera de lo incoherente, de la barbaridad y por ese motivo creo que es mejor que me marché, la felicidad nos ha sido arrebatada, y estoy arto, cansado, desilusionado de todo. No me conoces, ni has querido conocerme, quizá el equivocado sea yo, quizás si, pero no quiero hacerte daño. Adiós soñadora.”

Aquellas palabras aún me encendieron más, ahora resultaba que la victima era él. Me di un baño y me acosté, durante más de diez horas no supe en realidad que había sucedido, pero al despertarme supe que había sucedido…había soñado.

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Jerónimo Alayón

Poeta, escritor, editor y catedrático.

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