Volveré ( dedicado a todos los que estamos padeciendo el covid19)

Volveré a cantar, a volar, a escribir,

volveré a gritar esas canciones de amor,

intentaré cambiar mí porvenir,

por esas frases de amor, de candor,

esas que alegran el alma, la vida,

esas que dan simplemente alegría.

Volveré a despertar sin dolor, sin sudor,

empezaré ese nuevo día con estupor,

con eso que sentimos cuando nos llena la vida,

andaré deprisa, sin rumbo en las mañanas,

y correré por las calles desiertas,

huérfanas de calor, perdidas en extrañas

sensaciones de vivencias imposibles.

Volveré a la vida como nunca,

sentiré cada momento como último,

como ese que se guarda para siempre.

Volveré a la vida como jamás hice 

viva, alegre, sin miedo a lo futuro

con ganas de conocerte, sentirte.

Volveré a soñar con promesas, 

volveré a sentir emociones olvidadas,

volveré al reino de los cisnes,

volveré al paraíso de los príncipes,

de las hadas y  duendes desterrados,

esos personajes que me hacen sentir,

esos que hacen de mi vida un paraíso

un lugar para soñar y sentir.

Volveré a ellos, a esos maravillosos,

olvidados, sepultados, perdidos

personajes de mentes lucidas

de sueños y vidas imposibles,

de noches rebeldes y ilegales.

Volveré, volveré,

a esas gentes olvidadas en algún rincón,

en un lado de la vida, olvidada

en un lugar tenue y sin razón, 

simplemente por alguna razón,

volveré para no regresar

a ese mundo oscuro y sin aliento

que no deja respirar, pensar,

oler,sentir,mirar……

DESGARROS

Desgarros de vida me hacen sentir

tinieblas de muerte se acercan a mi,

innumerables secuencias golpean

mi mente inerte y saboteáis

sin miedo, temor, recuerdos etéreos,

se vengan sin ninguna compasión

de mi vida, alma y corazón

para apartarlos, robarlos, separarlos

de ese mi naufragado galeón.

Desgarros de vida me queman,

como el fuego prende irreverente,

sin permiso, sin piedad, sin control.

Esa figura eterna, pura, inocente

que sentir mi hizo crisol.

Desgarros de vida desaparecen

poco a poco, sin prisa, sin agitación,

sombras oscuras, pequeñas aparecen

en este día fúnebre, desolado de sol

se ha vengado de mi, mi alma,

se ha marchando sin mi, con calma,

y me muero yo desgarrada de vida,

amor, sueños y pasión destrozada.

Dedicado a todos esas personas que se han ido sin poder despedirse.

Coronavirus homenaje a nuestro abuelos

Escribo porque tengo necesidad de escribir, de desahogarme, de poder expresar todo lo que siento en estos momentos. Llevo desde el día 14 en casa, como casi todos, pero en casi estos 16 días sola, a veces me dan ganas de llorar, de gritar, de sacar dentro este estado de angustia que tengo dentro en muchos momentos del día. Hay días que ni me levantaría de la cama. Soy, y he sido siempre una persona muy positiva, alegre, divertida, pero en estos momentos veo como poco a poco, como un grifo que gotea, se me están yendo las alegrías, las fuerzas. Por eso necesito contar, escribir.

Veo gente magnifica, con una dedicación, una bondad que sobre pasa cualquier actitud de las personas. En estos momentos tenemos que seguir las normas, lo que nos aconsejan o imponen, porque sino esto va a ser una catástrofe,sobre todo para los mayores, esos que dieron la vida, el trabajo para levantar un país que estaba en ruinas. Me estremece ver como están falleciendo esos abuelitos que están en las Residencias, pero lo peor es que están muriendo solos, que no se pueden despedir de sus hijos, nietos, hermanos y amigos.

No puedo imaginarme esa situación. Yo hace cuatro años estuve muy grave, me pasé tres años enferma, yendo casi a diario al Hospital, me hicieron más de 600 pruebas, entre ellas intervenciones como una biopsia de pulmón, me extirparon la vesícula, analíticas,broncoscopias, TACS, Radiografías, etc.

Cuando me hicieron la Biopsia de Pulmón estuve 23 días ingresada, y ahora pienso que si en ese momentos hubiera estado sola, no me hubieran podido venir a ver las personas que más quiero y me hubiera muerto sin poder verlas, sin despedirme … Y si mi familia no hubiera podido venir a verme… estoy con todas esas familias que lloran, que sufren, que se desesperan, porque no tienen información de sus seres mas queridos, de sus abuelos. Y sobre todo la angustia de que un día te llamen y te digan “que se ha ido”.

La vida tenemos que aprovecharla, dejar de comprar cosas innecesarias, de pasar más tiempo con aquellos que nos necesitan, hablar más, compartir tus sueños, tus inquietudes, amar más y sobre todo no arrepentirnos cuando llegan estos tiempos tan malos de todo eso que podíamos haber hecho y no hemos hecho.

Por todos aquellos abuelitos que lo dieron todo y ahora se nos han ido …Serán nuestros ángeles dela guarda, pensemos mucho en ellos…así seguirán vivos entre nosotros.

Algo extraordinario

Hace muchos días que no escribo, la verdad es que nuestra vida a cambiado un 100%, ahora hemos entrado en un estado de Alarma, un estado de inquietud, de agobio, sobre todo las personas que estamos solas en casa.

En mi caso es así, prácticamente me paso las 24 horas solas, mi pareja trabaja de seguridad, uno de los trabajos que también tendríamos que aplaudir, ya que ellos son parecidos a los cuerpos de Seguridad, están trabajando muchas horas, están guardando parte de nuestra seguridad y creo que pocas televisiones, periódicos y medios de comunicación han referido ningún tipo de reconocimiento a todos los Cuerpos de seguridad privada.

A parte de eso, y por lo que he empezado este post, las personas que compartimos vida con ellos, estamos muy solas. Intento por todos los medios hacer cosas en casa que no hubiera hecho si estuviera haciendo una vida normal.

La soledad en momentos del día es bastante dolorosa, aunque a ratos hablamos con la familia, la gran parte del día vienen a atacarnos los pensamientos de ansiedad, de que pasará , cuando acabara esto, seguiremos la vida igual que cuando la dejamos ese 14 de marzo, podremos seguir trabajando en nuestro puesto de trabajo, tendremos ayudas a aquellas personas como yo que tan solo tenía un trabajo de media jornada, cobrando 460 euros, y así cientos de preguntas que inevitablemente surgen cada día en nuestra mente.

En los programas de televisión nos atiborran de felicidad, de que todo saldrá bien, de que saldremos de esto, de que hay que ser positivo…pero yo me pregunto ¿será lo mismo?, ¿Volveremos a tener trabajo? ¿nos ayudara el gobierno para no caer en esa pobreza casi rozando el no poder comer?

No quiero ser negativa, porque no lo he sido nunca, he pasado por momentos muy duros en mi vida, me detectaron una enfermedad de por vida, me estuve durante tres años yendo cada día al Hospital..y lo he superado, pero esto que está pasando creo que es mucho peor.

Me gustaría que todos saliéramos de esto, que no muriera tanta gente, y menos nuestros abuelos, padres, que son los más vulnerables y los que nos han sacado adelante, los que lucharon trabajando como esclavos para tener una vida digna.

Parece que este virus, es un seleccionador de personas, que solo ataca a los mayores, es paradójico, pero es así.

Esperemos que pronto todo acabe, que superemos todo esto y que las personas seamos conscientes de que la vida es un suspiro, y que hoy en día la única guerra que nos puede hacer desaparecer es la guerra virulogica, la guerra de cirus desconocidos que no mira a quien ni a donde.

Seamos conscientes que la vida es maravillosa, que solo tenemos una y que la debemos disfrutar como algo extraordinario.

Cuando recuerdo mi infancia en los Monegros

Durante el trayecto miraba fijamente por la ventanilla, me encantaba observar la diferencia de paisaje desde la salida de Barcelona hasta el pueblo. Cuando salía de Barcelona la contaminación era bárbara, veías una capa gris apoderándose de un cielo, unos días claro y otros nublado, hasta sentías un olor especial, de fabricas, vertederos y combustible de los cientos de miles de coches que cada día recorrían aquellas carreteras para ir al trabajo.

Cuando llegamos a Lérida, el frió era aterrador, estábamos a unos dos grados y las manos se nos enrojecían y dolían del frió que hacía. Entramos en un café mientras esperábamos la hora y media que había de tiempo entre un autocar y el próximo que teníamos que coger. Era otra ciudad, mucho más pequeña pero otra ciudad. Yo detestaba cada día más la ciudad, me acordaba de pequeña que estaba muchas temporadas con mi tía Pilar, la hermana de mi padre en un pueblo de Tarragona en Villalba de los Arcos, allí disfrutaba como una enana, jugaba en la calle, corría por la plaza y disfrutaba de todas esas cosas que en un ciudad son imposibles, ni tan siquiera teníamos un pequeño parque para bajar a jugar. Siempre estábamos metidos o en el colegio o en casa,  entonces mi madre se tenía que volver loca, éramos siete hermanos y solo nos llevábamos un año entre nosotros.

Nuestras primeras vacaciones fuera de la ciudad de Barcelona fueron en La Almolda. El topónimo de La Almolda, es de origen árabe “bereber”. L’Almolda, (Almourada), es “tierra a la que le dan riego”. Tierra de Los Monegros.

La palabra Monegros, según la leyenda su nombre viene de “Monte Negro”, por la gran extensión de pino y sabinas que había en aquella época, un animal podía cruzar la Península Ibérica sin tocar suelo. Ahora es todo lo contrario, prácticamente han desaparecido, las sabinas y los pinos se cuentan en grupitos reducidos que parecen pequeñas manchas en el centro de un desierto que cada vez más está dejando un paisaje desolador. Aunque único en Europa, por ser una región que conserva rasgos de las estepas áridas de la era Terciaria, con especies cuyas poblaciones homólogas sólo se encuentran en las estepas norteafricanas y centroasiáticas. 

En La Almolda, fue donde pasé los mejores años de mi niñez y mi adolescencia, desde los siete años fue la primera vez que fuimos. Me acuerdo de la primera vez que llegamos al pueblo. Habíamos estado viajando todo el día, porque ahora en coche se llega en dos horas, pero en el año 1971, había que coger un autocar en la plaza Universidad que nos llevaba a Lérida. Cuando llegábamos a Lérida sobre las 5 de la tarde teníamos que esperar media hora y coger otro que nos llevaría a Bujaraloz. En Bujaraloz a las seis de la tarde nos subíamos a otro que ya por fin nos dejaba en La Almolda. El día que por primera vez llegamos, me acuerdo que bajamos del autocar y salíamos disparados y corriendo por la calle preguntando dónde estaba la casa de los tíos. En los primeros años estuvimos en la casa de mis tíos-abuelos, porque eran tíos de mi madre. Ellos eran los hermanos de mi abuelo Ángel. Vivian en la calle San Juan nº 2, una casa que parecía una mansión. Entrabas por una puerta grande de robusta madera a un patio impresionante, el suelo era de piedra brillante que mi tía-abuela Águeda, cada mañana a las siete, pulía de rodillas con un trapo. Yo como era muy pequeña un día que la vi, le dije:

-Tía ¿Por qué no friegas el suelo con fregona?- ella me contesto que lo mejor para aquella piedra era pasarle un trapo, así salía su brillo natural. Mis tíos-abuelos eran hermanos, habían vivido siempre juntos porque los dos eran solteros. Cuando murió mi tío Pablo, mi tía no tardo en acompañarlo, la encontraron en el patio de la casa, se había querido ir, la pena de estar sola no pudo con ella.

Aquella casa era impresionante, grande y majestuosa. En la época que mi madre vivió de pequeña, aquella era una de las mejores casas del pueblo. Mis antepasados tenían ganado, tierras, una tienda en la casa, tenían también mulos, vacas, conejos y gallinas. Siempre había oído que en aquella casa se había comido como en la de los marqueses, nunca faltó de nada.

En la planta baja y siguiendo el patio a mano derecha estaba lo que fue la tienda, cuando entrabas daba la sensación de trasladarte a otra época, había un mostrador de madera, los cajones que había detrás del mostrador eran de madera y cristal y tenían una especie de concha de latón para abrirlos. Allí ponían las legumbres, el azúcar, y los productos que vendían. Y al final de ella había un cuartito pequeño que debía ser donde se pasaba el tiempo cuando no tenían clientes, o simplemente para descansar.

Siguiendo el patio a mano derecha había una alcoba, allí dormía mi tía. Más adelante otra habitación que tenía muebles de comedor y una alcoba donde mi tía tenía una cama grande de matrimonio. En frente del comedor, que así lo llamábamos por sus muebles había la cocina, la recocina, y la masederia. La masederia era un cuarto pequeño, donde se guardaba la comida, y utensilios para preparar las comidas o los postres. También tenía una pesa antigua, y mi tía en vez de utilizar las pesas, utilizaba moneda de cobre del año 1880, que cada año iba menguando, ya que para nosotros aquellas monedas eran un tesoro antiguo, y no podíamos entender como las utilizaba para pesar harina, azúcar otros productos. Estaban todas ennegrecidas, pero las limpiábamos y nos las llevábamos.

Mi tía tenía gallinas y conejos, además de una paciencia de Santa, para no haber tenido hijos, se comporto siempre como una madre con nosotros, o como una abuela. Nosotros sin embargo, le hicimos las más divertidas y crueles chiquilladas. En el pueblo hicimos casi todos nuestros mejores amigos, y que han durado toda la vida. Ha sido como nuestro segundo hogar.

Al llegar al pueblo teníamos que subir la calle San Antonio para llegar a casa de mi tía Águeda. Mi tía era soltera, me contaron una vez que se había enamorado de un hombre, pero lo mataron en la guerra, jamás se volvió a enamorar. Mi tía se alegraba mucho de vernos, nos quería mucho y también nos regañaba,  imaginar  a siete niños en una casa que durante el resto del año solo estaba habitada por dos personas, y de repente aparecen siete chiquillos, pequeños, traviesos y con ganas de todo era como una tormenta en medio de la calma del océano. Mi tía encendía la estufa de leña y aparte tenía un brasero que ponía debajo de las faldas de la mesa de la cocina, a mi me daba bastante miedo, creía que algún día íbamos a meter nuestros pies y nos íbamos a quemar, pero eso, jamás pasó.

La casa era como un palacio, tenía tres plantas, entrabas a un gran patio, con el suelo de piedra pulida, que mi tía cada día de rodillas pasaba un paño para que luciera el brillo, en la planta baja había la cocina con su masedería como le llaman, era una habitación pequeña en la que se guardaba la comida, el vino, el aceite y  utensilios para cocinar. Yo me iba a un cuartito pequeño que tenían dentro de un lugar que en su época fue tienda, vendían toda clase de legumbres, azúcar, y  otros alimentos, allí me quedaba mirando por la ventana que se iba apoderando de la escarcha, hacía mucho frió, el ambiente era gélido, de puro invierno, una pequeña niebla paseaba por las calles, anunciándote que había llegado el invierno, un invierno largo y frió, algunos años caían esos pequeños copos de nieve que tanta ilusión nos hacía ver y tocar.

Recuerdo los paseos en bicicleta, me alejaba del pueblo por unos caminos polvorientos, secos y sin apenas vegetación, a un lugar alejado hasta solo poder distinguir la sombra de la Ermita de Santa Quiteria. Llegaba a las balsas, y allí me quedaba durante mi descanso, observaba ese precioso territorio, para mí era bonito, escuchar tan solo el silencio, a veces interrumpido por el sonido de algún conejo, o liebre que corría asustada al sentir la presencia humana.

Solo aquellos que hemos disfrutado de eso paisajes, de esas vistas, áridas pero al mismo tiempo inquietantes, sabemos apreciar que no solo es bello aquello que es verde, que tiene grandes lagos, grandes mares, o montañas de miles de metros. A veces, eso que a algunos les parece tan solo una tierra árida, seca, aburrida, para otros puede ser el lugar más maravilloso. Lo Monegros para mi es esa tierra que deja huella, ese lugar silencioso, apacible, quizás sediento de agua, pero rico en paisajes extremos.

A la vuelta de las vacaciones, observaba por la ventanilla del autocar, con ojos húmedos y mente nostálgica, con congoja en el corazón de pensar que tenían que pasar algunos meses para volver a estar allí.

Una vez dedique un poema a esa tierra a la que tanto quiero:

MONEGROS (09/06/2008)

Campos dorados en primavera,

me recuerdan que fui la primera,

en descubrir esa ternura,

 esas gentes de pueblo valiente,

mi pueblo, mi tierra, mi anhelo.

Tierra de pastores, tierra de campos,

de secano, áridos bancales,

soledades en la lejanía, añoranza en sus rostros,

en ese pequeño pueblo, este lugar de Monegros.

Gentes, generosas, gentes áridas y cálidas,

como es el desierto en su interior,

no pierden ese espíritu, esa generación

que no se olvida, de guardar su tierra,

su mundo, su lengua, su vivencia, para mostrarnos

que el desierto, es su vida, su sustento.

Esos días de calor sofocante, observo desde lo alto de la Ermita de Santa Quiteria ese paisaje inmenso, dónde a vista se pierde a los largo de los campos, en días claros puedes ver todos los pueblos de alrededor, las carreteras, la autopista, el AVE, pero sobre todo es el encanto de ver una llanura que no acaba nunca, respirar ese aire puro desde lo alto de la sierra, y escuchar tan solo la suave brisa del aire, algún que otro pajarito, y sobre todo en días tranquilos, el sonido del silencio, de la paz, de estar en el paraíso.

Sentir a veces, el olor, las sensaciones, que un día sentí y se quedaron grabadas en la memoria. Recuerdo tantas cosas, pequeñas anécdotas, olores, y entonces te das cuenta que la vida pasa tan deprisa, que solo te queda eso, los recuerdos. Recuerdos de “Los Monegros”.